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Bebé prematuro

Siempre que he tenido que intervenir en la asistencia de padres de un bebé prematuro o en la de padres de niños que han sido bebés prematuros, me he encontrado más tarde o más temprano, más a flor de piel o en forma más oculta pero igualmente operante, con la idea en ellos de que esa circunstancia en que se dio el nacimiento de su hijo constituye un factor importante que de una u otra manera que no alcanzan a precisar influirá en su destino; creencia que se orienta generalmente en el sentido de atribuirle una mayor vulnerabilidad sino física al menos emocional y de menores defensas para enfrentar los futuros embates de la vida.

La creencia en un handicap negativo para el niño, una difusa sensación de culpa y responsabilidad al respecto y un sentimiento de inadecuación biológica para gestar a un ser acabado, completo y prometido a los mayores logros, son figuras frecuentes dentro del imaginario que rodea esta situación dentro de la mente de muchos padres.

Cuando ello ocurre en forma leve, la condición de prematuro no significa para estos más que una diferencia transitoria entre su hijo y los demás, situación no exenta de angustias y ansiedades normales y esperables pero correspondientes a una diferencia que saben que quedará compensada, diluida y olvidada tempranamente dentro del flujo de su desarrollo y maduración. Pero más allá de cierto limite, la condición de prematuro es vivida por los padres como algo que establece una diferencia cualitativa entre su niño y los otros y que marca a su vez una diferencia en la mirada que estos dirigen a él, lo cual puede tener implicancias negativas para su futuro mucho más reales y significativas que las supuestas desventajas permanentes que estos atribuyen a su inicial estado de prematuración.

Es importante desmantelar esta convicción interna que puede ser inconsciente para ellos mismos, pues la misma suele inducir hábitos de crianza centrados en la sobreprotección, o bien –lo cual es mucho más grave- generar la idea también inconsciente de que el niño les ha fallado en algún sentido, o bien que el mismo es la prueba palpable de la inadecuación de uno de los progenitores, de ambos o de la inadecuación de la pareja como tal.

Tales ideas, generadas por el narcisismo herido de los padres o de uno de ellos, no pueden sino ser a la larga más que perjudiciales para el niño, y son mucho más eficientes para contribuir a hacerlo un ser emocionalmente vulnerable que las supuestas implicancias que pueden asignarse desde el desconocimiento a la circunstancia de su prematuración.

Es condición innata del cachorro humano que solo accede al lenguaje con posterioridad, nacer con la capacidad de percibir la tensión o la serenidad de su entorno y de captar los miedos, las ansiedades y las alegrías de los padres en sus gestos y sobre todo en su mirada, desde las primeras etapas de la vida. Si la sonrisa del bebé en respuesta a la sonrisa de los padres marca su entrada promisoria al reconocimiento de los otros y al establecimiento de vínculos sociales que le posibilitan el acceso a su plena humanidad, cualquier cosa que opaque o imposibilite esa sonrisa por parte de los padres opacará su respuesta emocional frente al mundo y frente a los demás, lo cual por repetición, redundará en su auto imagen, pues esta se construye principalmente por lo que nos devuelve la mirada de quienes queremos y dependemos, la mirada de quienes se han dado en llamar nuestros otros significativos, en especial la de nuestros padres y frente a cuyas reacciones y mensajes identificatorios nadie puede ser indiferente, sobre todo durante la niñez.

Confiar en la guía del neonatólogo y mantener con el niño el mayor contacto físico y emocional que posibilite su cuadro clínico de situación, hablar con la pareja al respecto y realizar una consulta psicológica orientativa sin necesidad de esperar a que surjan problemas manifiestos o a sentirse rebalsado por la situación, son lineamientos básicos y elementales donde coinciden tanto el sentido común como la experiencia acumulada desde siempre por los profesionales de la salud acostumbrados a estos cuadros.

 

 

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